Opinólogos y comentaristas

¿Cuál es la autoridad de un simple periodista para juzgar los aspectos del juego desde una posición de profesionalidad? ¿Desde dónde se construyen sus “criterios de especialista”? ¿Por qué razón deberíamos atender a la mera opinión de un reportero?

Sería difícil establecer cronológicamente el momento en que la función del periodismo deportivo –mayormente aquel especializado en fútbol- se transformó en comentar sobre las diversas circunstancias del juego, como si se tratara de una profesión fundada en el amplio conocimiento del deporte.

Es un lugar común: el periodista deportivo se convierte en tal para poder decir que Blandi es mejor que Viatri, que Riquelme rinde más acompañado por Ledesma, o que la formación de Racing debería contemplar cuatro defensores y no tres.

La información, la profusión investigativa que busca desenredar los puntos oscuros y que solventa sus juicios en datos precisos, ha sido barrido; solo nos quedan algunas crónicas de alta pluma que pormenorizan delicadamente los aconteceres del deporte más popular. Pero la exagerada cantidad de “opinólogos” contribuye a desacreditar la profesión y, a su vez, alimenta la perversión del mecanismo de funcionamiento del sistema futbolero.

¿Por qué razón un periodista deportivo puede investirse en especialista y arrojar lecciones de cómo deberían jugar los equipos? ¿De donde proviene su halo de “especialidad”?

Esa degeneración del oficio reduce al mínimo sus posibilidad y lo coloca en un singularísimo espacio de complicidad con el poder: el periodista que solo comenta el juego –como puede comentarlo cualquier mortal en la esquina de su casa- no hace más que campear el terreno para el avance de los negociados que corrompen el deporte y el fortalecimiento de la estructuras financieras que lucran con la pasión de millones.

Los establecimientos formativos siguen soltando neoprofesionales ansiosos por comentar sus gustos estilísticos y trenzarse en debates sobre las cualidades defensivas de un zaguero o las virtudes de asistente de un mediocampista.

Poco se oyen las pesquisas en torno al poder, los análisis acerca de la caracterización general del fútbol, la puesta en contexto del deporte, la interrogación acerca del origen y manejo del dinero.

Mucho menos se lucen las plumas recordando historias o narrando con excelencia literaria las aventuras presentes. El periodismo es solo un comentario a las apuradas. Así, los espectadores se interesan solo por lo que conocen y se unen a esos debates tan inútiles como ramplones. Y aquellos que tienen inquietudes que traspasan esas fronteras, deben conformarse con sospechar y dudar, y buscar por todos los rincones el perdido periodista que le hace honor a su oficio.

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