El poder de los colores…

1964, 4:45 am. El reloj de Don Pedro Martínez le decía entre asquerosas chicharras que era hora de levantarse a cubrir el puesto matutino de playero. Trabajaba enla YPF
más antigua de Venado Tuerto.

Enfermo del rojo, como lo era su viejo, seguía por radio todas las semanas los partidos de Independiente enla Copa Campeones de América.

‘El Tuerto’ era el encargado de cuidar la estación. Le decían así porque de chico, jugando a la pelota, entró al área gambeteando tres defensores con una destreza intachable, pero cuando parecía que el arquero se convertía en el cuarto rival vencido, éste lo alcanzó a tocar de atrás, con tanta mala suerte que cae con la cara sobre la base del poste, fue allí cuando perdió la visión del ojo izquierdo. Aunque según cuentan otros, en verdad fue por intentar espiar por la cerradura del vestuario de damas del colegio cuando una señorita salió precipitadamente, haciendo que el picaporte de la puerta le deje ese apodo para toda la vida.

Atendía a los clientes que pasaban por ahí a esas horas de la mañana. Generalmente eran camioneros, a los que ya conocía desde hace tiempo, con los que compartía algún que otro mate, entre bizcochitos de grasa que se traía de la panadería de enfrente que estaba abierta todo el día.

‘Vos y el fulbo tuerto… ¿por qué no te dejás de hichar las pelotas con Independiente?, son una manga de matungos esos… ¿cómo vas a pensar en que pueden ser campeones de América?, dejame de joder…’ A Ramón García no le gustaba mucho el fútbol. Pero como sabía que Don Pedro se enojaba rápido, se pronunciaba como hincha de Racing y le ninguneaba a Independiente.

Pero ¿qué me venís a decir vos a mí?, ¡si la última vez que fuiste a una cancha no existía el fútbol!, además no se si sabés pero ya tenemos algunos campeonatos en el lomo…’
‘Sí, todo lo que quieras, pero se terminó. Son rachas… no tienen chance esta vez.’
Acusaba García.

El Tuerto no tenía ganas de seguir discutiendo, estaba algo cansado y nervioso. En tan sólo unos días se jugaba la final de la Copa.Enuna esquina del ring estaba el rojo de sus amores, la única herencia que le había dejado el viejo. En otro lado, Nacional de Montevideo. ‘Los yoruguas estos siempre fueron de complicarnos, tienen ese juego aguerrido y rompe bolas que te vuelve loco…’, pensaba mientras llenaba el tanque de gas oil a un Bedford 0km.

-¿Cuánto sale?- preguntó el dueño del vehículo.
- ¡Tres a uno con dos goles de Marito Rodríguez y el tercero de Bernao!- los ojos de Pedro estaban iluminados y llenos de ansiedad…
-¿Cómo dice?- el hombre no entendía demasiado y tenía apuro por retomar el viaje…
- ¡¡Qué tres a uno!! Rodríguez moja seguro, y le pongo dos fichas, digamos que la tercera la dejamos vacante… y a ellos le doy un gol, como para no ser tan pijotero ¿vio?
- ¿Pero de que habla?, yo le pregunto cuánto sale el tanque lleno. No se de que tres a uno dice usted…

- Eh, perdón… entendí otra cosa. Pasa que mañana es la gran final y estoy algo nervioso… ¿Usted de que equipo es, le gusta el fútbol?
- Mmm, la verdad que no mucho, no tengo tiempo, estoy todo el día arriba del bicho este… pero siempre tuve así una simpatía por Racing. Mi viejo me hizo, en realidad era más el odio a Independiente que el amor a Racing… jaja, cosas del fulbo ¿sabe? ¿Ahora me dice cuanto vale el tanque lleno?

 

- De Racing…-pensaba el Tuerto- ¿El tanque lleno?, eh, cuaren… digo sesenta. Sesenta pesos.

- ¡Pero me está cobrando demás!

- Sí, pero el gas oil ya está lleno. Hay que preguntar antes – el tipo pago y se fue- anti Independiente, ¿pero por que no te vas a la mierda gringo forro?

Se arrepintió en seguida luego de gritar eso. El camión freno en la esquina, su chofer bajó. Era grandote, metro ochenta y pico. Con el primer empujón lo dejó sentado al lado del surtidor. Lo miró fijo y le dijo ‘hablame de frente a mi’. Dio media vuelta y se fue.

Solito y callado tomó la escoba… ‘Sería una injusticia que no ganemos… ¡vos pensá! ¡Dejamos afuera al Santos de Pele!, no hay forma de que Nacional se lleve la Copa…’, murmuraba mientras sacaba la mugue de las canaletas.

06/08/64 primer final. La radio al oído, empate amargo. Casi sin uñas ni equilibrio, el Tuerto mantenía la oreja pegada al parlante.

La siguiente semana fue eterna. Justo volvía a la ciudad Ramón García. Un día antes de la final, pasó porla YPFa saludar a su amigo.

‘¿Qué hacés hermano? ¿Cómo andan las cosas por acá tanto tiempo?’
‘Ni te acerques vos que sos yeta…’, le advirtió. ‘Mañana es la final y no te quiero por acá hasta que haya terminado el partido…’

‘¡Pero pará salame!, no seas tan fanático… además está claro que pierden… se salvaron de pedo la semana pasada, mañana se termina el sueño jaja’ y se fue caminando rumbo a casa dejando al Tuerto sólo.

Al cabo de algunos pasos un grito lo hizo darse vuelta… ‘¡RAMÓN!’, García se dio vuelta. ‘¡Andá a la reputa madre que te parió’.

Un día después. Radio en mano, la final estaba en la puerta. Independiente atacaba, Nacional se defendía pero el partido no era intenso ni atractivo… Pero para el conjunto argentino jugaba Mario Rodríguez. El goleador se calzó el equipo al hombro como quién dice, y con un inolvidable gol suyo, coronó al Rojo de Avellaneda. Independiente campeón de América.

La radio voló por el aire y cayó al piso perdiendo la vida entre cientos de pedazos. El Tuerto saltaba y cantaba sólo en la estación. Tan contento y feliz estaba que se puso la remera del club y colgó una bandera enorme al frente dela YPF.

‘No, no. Le dijeron los superiores de la empresa. Los colores de su equipo no son los mismos que los de nuestra compañía y no podemos permitir que usted cuelgue ese trapo viejo y sucio. Además tiene tonos similares con la competencia.’- la voz del encargado sonaba firme y sin tartamudeos.

‘Dígame a ver… ¿dónde la ve sucia a la bandera? No sea payaso, Independiente es campeón de América.’

‘Escuche Martínez, no le estamos consultando, o tira ese trapo o se va de YPF’

Dos días más tarde, el hijo de García iba camino a la estación, cuando en la entrada lo encontró al Don Pedro, con la del rojo puesta mirando fijo hacia los surtidores.

‘Tuerto, ¿cómo andás?, necesito que me llenes este bidón de gas oil para el mionca de mi viejo…’
Martínez lo miró fijo con algunas lágrimas en los ojos… ‘ya no trabajo más acá hijo’.
El pibe no lograba entender, ‘¿cómo que no?, ¿por qué Tuerto?’

Por el poder…’
‘¿el poder…?’ –
el chico seguía sin comprender.
‘Sí pibe… el poder de los colores…’, y se fue nomás, con una botella en la mano, la bandera al hombro y campeón de América.

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