El fútbol y la guerra

El mejor equipo del mundo. (“¡The best team in the world!”). Así de simple define su pasión William Arthur Philip Louis Windsor, príncipe de Gales. Ese amor logra hacerle olvidar las modosas exigencias del protocolo, como el 2 de abril de 2000, en Wembley, cuando el empate con el Bolton le dio al Aston Villa el pase a la final del FA Cup y William entro al vestuario gritando desaforado como un hincha más. Ese mismo día que despertaba las emociones futboleras del príncipe, se cumplían 18 años del comienzo de la guerra de Malvinas. En ese lugar, justamente, doce años más tarde, William realiza su primera misión militar como piloto de rescate, luego de haberse casado.

Su boda fue una ceremonia mundial: en la Argentina algunos medios la cubrieron como una causa nacional. Son los mismos medios que hoy alzan su voz en contra de la renovación de los reclamos que el Gobierno argentino hace por el territorio isleño, invadido y apropiado por Inglaterra en 1833.

La presencia del príncipe, en ese marco de conflicto, tiene un significado especial: con el aval a la Argentina de centenares de países que conforman las Naciones Unidas, la figura del sucesor a la corona junto con el amplio despliegue militar británico en las islas, tiene un cierto tufillo a provocación.

El fútbol a veces expresa los enfrentamiento en otras esferas: los goles de Maradona frente a Inglaterra en el Mundial de México ’86 adquirieron un sentido mucho mayor que la simple trampa deportiva o la genialidad estilística: fueron, al mismo tiempo, una especie de revancha nacional, una devolución simbólica de los argentinos a solo cuatro años de la guerra.

William es, además de militar, un hombre de fútbol, no solo por su ferviente simpatía por el Aston Villa, sino porque solo con 23 años estuvo al mando de la Federación Inglesa. “Me gustaría aprovechar la oportunidad para agradecer su pasión y compromiso con el fútbol y en particular por su apoyo al desarrollo del fútbol juvenil”, la felicitó, con motivo de su casamiento, el presidente de la Fifa, Joseph Blatter, el mismo que observó con disgusto que su socio Julio Grondona titulara con el nombre del “Crucero General Belgrano”, hundido ilegalmente por los ingleses durante la guerra del ’82, al campeonato de fútbol argentino.

El nombre del torneo se acompasó al ritmo del conflicto nuevamente: en 1982, antes de desatarse el enfrentamiento bélico, el campeonato de futbol argentino fue intitulado “Soberanía nacional 1982”. Otra vez, con el nombre del certamen que rememora el acto de traición inglesa y el trofeo “Gaucho Rivero”, uno de los colonos argentinos presentes durante la invasión inglesa en 1833, que rebelado hizo flamear la bandera nacional, el fútbol retrata la parábola de la realidad.

Ese encontronazo por el nombre del torneo cala más profundo que una simple diferencia de nomenclatura: la Fifa no puede permitirse tomar partido en un conflicto que cada día comienza a adquirir mayor relevancia mundial.

Mientras tanto, Inglaterra continúa explorando los suelos malvinenses y aprovechándose de las riquezas del suelo. Hábiles rapaces, las corporaciones financieras internacionales vuelcan sus recursos al saqueo de los recursos naturales de los países del sur del mundo. Argentina los sufre en las Islas Malvinas y en su propia cordillera: las mismas empresas, dirigidas por los mismos grupos inversores, absorben en petróleo malvinense y succionan los minerales de las minas de los Andes.

“Las multinacionales mineras se presentan como empresas diferentes (Barrick Gold, Osisko, Xstrata, etc.), pero tienen los mismos dueños en común: Bancos de Inversión y Fondos de Inversión transnacionales: Blackrock Group Ltd, Barclays Bank, el J. P. Morgan Chase & Corp., HSBC, The Capital Companies Group Inc. (que incluye, entre otros, a American Funds, Capital Guardian Trust Company y Capital Research and Management Company), etc”, dice José Arturo Quarracino en “De la Patria Socialista a la Barrick Gold: Soberanía” insular y Colonialismo territorial”.

Estos fondos de inversión, que es el nombre con que se mienten los capitales cuervos que estafan al planeta, extienden sus tentáculos a través de diferentes empresas que ejecutan su sistemático plan de saqueo en diferentes áreas: Desire Petroleum, Falkland Oil and Gas, Anglo Gold Asanthi, Barrick Gold, Minera Alumbrera, Borders and Southern Petroleum, Xstrata, son solo los disfraces con que estos capitales se apropian de las economías subdesarroladas.

El Gobierno argentino, que hoy reclama acaloradamente por la soberanía nacional en Malvinas, olvida que la ley 26.659/2010 prohíbe a los “estados nacional, provinciales y municipales contratar empresas que tienen interés, filiales o conexiones con empresas que se encuentren explorando hidrocarburos en Malvinas”. La soberanía solo se reclama parcelada: lo que en Malvinas es un ultraje, en la cordillera de los Andes es un buen negocio que merece callarse.

Sin embargo, esos mismos capitales continúan haciendo suculentos negocios en las minas argentinas. Minera Alumbrera, por ejemplo, por medio de su yacimiento Bajo de La Alumbrera, extrae un promedio de 140 mil toneladas de cobre concentrado, 352 mil onzas de oro en concentrado, 45 onzas de oro dolé y 960 toneladas de concentrado molibdeno.

De esa forma, en 2010 pudo recaudar 1590 millones de dólares en exportaciones de mineral: dinero que jamás se vuelcan hacia dentro de las fronteras argentinas y se marcha en los barcos que surcan de los puertos santafecinos. Expertos en el arte de la depredación, en solo un año facturó más de lo invertido inicialmente. Pese a las ganancias, los sueldos no acompañan el crecimiento: los trabajadores reciben solo el 2,5% de los millones ganados. El éxito, para ser, debe ser de pocos.

Ese despojo sufrido con los recursos naturales es similar al despojo que, en términos deportivos, se lleva jugadores cada vez más jóvenes y licúa las reservas de los clubes. El beneficio es de los mismos capitales financieros internacionales, que lo que ganan timbeando, lo limpian invirtiendo en el mundo del futbol.

El fútbol y la guerra tienen su explicación inicial: solo son la manifestación de la devastación económica que los grandes capitales internacionales, respaldando a los gobiernos de las grandes potencias, llevan adelante sobre las economías del Tercer Mundo que, pese a las negaciones, sigue tan presente como en los mejores tiempos de las colonias.

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