Como todas las tardes tipo seis, cumplían la religiosa costumbre de encontrarse a tomar algo en el bar de siempre. Rama había conseguido trabajo en una tienda de ropa, el otro estaba estudiando en la universidad.
- Una cerveza, dos vasos.- dijo Juan al chico que atendía el lugar.
El día era calmo, no había mucha gente dando vueltas por la calle. Sábado a la tarde, los dos sentados en la mesa de la vereda del bar, ninguno sabía que contarle al otro, se conocían desde chicos y los secretos no existían entre ellos.
-Maní… ¿traés?- preguntó Rama, una vez que ya estaba el pedido en la mesa.
Llegó el maní, y comenzó la acostumbrada charla en Afrodisíaco, nombre con el que habían bautizado al bar.
- ¿Como estuvo la semana nene?
- Sos solamente cinco meses más grande que yo, jaja, ¿nene?, retrucó Juan.
Acomodándose la gorra, el otro volvió a interrogar:
- ¿Bueno, que contás cabezón?- dijo Rama para encarar una conversación.
A Juan se lo notaba cansado, distraído. Sus ojos no acompañaban sus movimientos, estaba en otro estado.
-Nada, lo de siempre, facultad, facultad y facultad – se paso la lengua por los labios y siguió- estoy repodrido, ¡quiero vacaciones ya!
-Bueno pa, medio mes y te olvidás de todo.-contestó como intentando lograr un cambio de expresión en su cara.
Al registrar dicha acción, el universitario trato de darle forma a la cortada interacción que ambos disimulaban tener.
- ¿Vos? ¿Laburando?
-Sí, arranqué ahora en una tienda de ropa, ¿viste en la que iba a laburar el gallego?
- ¿Le ganaste de mano al gallego?-consultó algo extrañado y con una sonrisa en los labios.
-Más o menos- contestó mientras tomaba un nuevo sorbo de cerveza.
-Jaja, ¡cuando se entere!
La tarde empezaba a caer, la luna comenzaba a usurpar el imperio del sol mientras este escupía sus últimos rayos luminosos en el fondo del horizonte. El cielo reflejaba rojas pinceladas mezcladas con un celeste opaco que adornaban un ocaso perfecto.
-¿Me traés otra? – y el encargado cumplió con su pedido.
Ya en la segunda cerveza, Rama se daba cuenta que a su amigo le pasaba algo.
-¿Qué tenés che?
Sorprendido, pero aceptando que estaba un poco apagado, empezó a contar:
- Pasa que la facu, me tiene a la vueltas, estoy con un trabajo final que no se cómo terminar.
-¿Eso es?-el asombro se adueño de Rama
En eso llegaron dos más, Fede y Lucas, la mitad faltante del grupo.
-Trae otra más.- Fue el saludo de Fede, hacia los amigos y el chico que atendía.
- Genteeee – ladró Lucas- recién salimos del laburo, pasa que nos demoraron porque hubo inspección de no se que carajo.
-Bueno, seguí con lo que me querías contar Juan.
-¿Lo del trabajo Práctico?
-Eso
-¿Qué tiene este?- preguntaba Fede mientras servía.
-Nada, sólo que me falta un texto para terminar un trabajo de la facu, pero no se que poner, no se me ocurre nada.
Y cortó su discurso con un trago.
-¿Pero de qué es lo que tenés que hacer?- dijo Lucas y encendió un cigarrillo
-Había que elegir un tema, algo en particular que no tenga mucha salida en los medios, y bueno, elegí futbol infantil en Vdo. Tuerto.
En ese momento una carcajada corta salió de la boca de Rama, acompañada por un comentario que los otros tres esperaban oír:
-Cuando no, vos y el fútbol.
-Bueno el tema es que me falta un cuento de fútbol y no se qué escribir.
-¿Y tiene que ser sí o sí inventado?-consultó Fede.
- ¡Y no vas a plagiar un cuento!- acusó Juan antes de que su boca visite nuevamente el vaso de cerveza.
- No bobo, me refiero a que podés contar algo de cuando éramos chicos, ¿te acordás cuando jugábamos juntos?
Fue entonces cuando descubrió que su amigo tenía razón, había buscado todo el tiempo en el lugar equivocado, ¿por qué inventar si con sólo revolver el pasado encontraba lo que necesitaba?
-¡Cómo la vez que nos escapamos de casa a las 9 de la mañana a jugar el torneo interbarrial para chicos!- ladró Rama
-¿Te acordás?- Lucas comenzaba a revolver los recuerdos que la amistad guarda en algún lugar- Me dolió una semana la paliza de mi viejo. Una hora y media buscándonos por todos lados.
-¿Y el torneo?- Fede terminaba su vaso, y proponía un desafío a la memoria- salimos campeones, que contentos estábamos.
-Lo que no voy a olvidar fue el partido final, ¡qué gol hiciste Rama!-siguió Lucas
- Jaja, teníamos 12 años muchachos, pero era la final del mundo para nosotros-acotó Fede- perder era la muerte.
Y se abrió el cajón e los recuerdos, Juan callado, atendía cada palabra de la conversación.
Entre los tres armaban aquella anécdota tan especial y querida por todos.
La cancha, aquel potrero decorado con matas y pozos que demostraban qué jugador estaba por encima de los demás. Las líneas marcadas a pala, fruto del trabajo en equipo luego de innumerables tardes bajo el calor que el sol convidaba sobre aquellas espaldas coloradas y empapadas en sudor. Los arcos armados con postes encontrados en el barrio, ofrecía un toque rústico en aquel peculiar paisaje futbolero. Sus redes, bolsas de semillas tejidas entre si eran castigadas con las fuertes visitas del balón de cuero curtido que habían podido conseguir después de vender rifas en todas las casas del lugar.
Y ellos, los que le daban vida al mejor estadio del mundo, los que jugando allí deseaban que el tiempo no pase, que se detenga a verlos jugar.
Anonadado, Juan se levantó, dejó el vaso medio vacío, o medio lleno, metió en su boca un puñado de maníes, y se fue corriendo.
-Qué personaje- agregó Rama
Lucas sólo acompañó con una sonrisa y terminó su cigarrillo.
Recién llegaba a la pensión, entró apurado, se sentó en la computadora, y comenzó a escribir.
-No debo olvidar nada- se dijo a sí mismo.
Y volcó al papel aquella conversación.
-Título, título… ¡ya se!, Amigos y Fútbol.
jaja muy bueno!