Cambia… ¿todo cambia?

La situación en la Asociación del Fútbol Argentino es compleja, como mínimo. En octubre hay elecciones y Julio Grondona parece decidido a ratificar su poder. Al menos, eso es lo que expresa. Así lo hizo saber. El hombre que cumple 32 años al frente del organismo irá por otros cuatro años más. Será su noveno mandato consecutivo, para rendirle un homenaje a la democracia. Pocas veces tuvo adversarios. La asamblea de clubes, que se llama así aunque solamente lo integran 49 instituciones del vasto suelo argentino, es un reducto inexpugnable de grondonismo. De allí salió victorioso siempre. Y a quienes se atrevieron a enfrentarlo, se les hizo “tronar el escarmiento”, como al ex árbitro Teodoro Nitti, que en el ’91 recibió un solo voto.

Ahora el adversario es un tanto más poderoso. Daniel Vila, dueño de un multimedios a nivel nacional, está convencido en destronar a “don Julio”. Con una cohorte de adulones, que desde su canal América lanzan elogios tras elogios y remarcan todas y cada una de las maldades grondonianas, prepara el campo para su estrategia. La “Ley del fútbol” es su primer caballito de batalla. Pero al legislación duerme cómodamente en los recintos parlamentarios y su aprobación parece lejana. De hecho, 15 legisladores del oficialismo, que en un principio respaldaban la ley, retiraron su firma. Al parecer la orden descendió de la Jefatura de Gabinete, que conduce Aníbal Fernández, vicepresidente de Quilmes, club cuyo presidente es José Luis Meiszner, hombre del riñón de Grondona, a tal punto que fue designado a cargo del Comité Organizador de la Copa América.

De modo que el capitoste del suelo mendocino no la tiene tan fácil. Como se muestra el panorama, no le quedará otra que conseguir los siete avales necesarios para su candidatura. ¿Cuál de todos los representantes de los clubes se animará a levantar la mano para respaldar al hombre que enfrenta al mismísimo mandamás? “Quizás me pueda acompañar Pasarella –presidente de River- y Raffaini –presidente de Vélez-, pero no muchos más”, confiesa el propio Vila.

Precisamente, Daniel Pasarella fue uno de los que reavivó las llamas cuando, después de perder el superclásico contra Boca, se dirigió a la sede de la AFA para exigir públicamente la renuncia de Grondona. Pareció más bien un gesto para las cámaras que una medida con aspiraciones de prosperar. Pero “don Julio” no la iba a dejar pasar. Desde la pantalla de América, ahora que River ha descendido, no dejan segundo sin remarcar una vendetta del patrón del fútbol. Maradona lo había advertido. Ahora, según algunos rumores poco confirmados, “el Diego” que no teme enfrentarse con nadie, presentó una denuncia penal contra Grondona y José María Aguilar, ex presidente y principal responsable del vaciamiento de River. De ser así, la medida difícilmente prospere, aunque los cargos imputados son moneda corriente en los cometarios vox populi.

Uno de los flancos preferidos que Vila eligió para atacar a Grondona fue el déficit en el federalismo del fútbol argentino. El espíritu de la ley, de la cual Vila es uno de sus mentores principales, se inspira en eso. Sin embargo, ni lerdo ni perezoso, Grondona no perdió mucho tiempo y enseguida salió a anunciar la Copa Argentina, un émulo de la española Copa del Rey, que disputarán todos los equipos del país. Por ese resquicio reaparece la figura de Torneos y Competencias, la empresa que se había apropiado del fútbol mediante un contrato con la AFA, disuelto con la implementación del Fútbol para Todos. De todos modos, la empresa que tiene como accionista al Grupo Clarín, continúo manejando la televisación del fútbol del ascenso y de los partidos internacionales. La Copa Argentina será la principal oferta del novedoso AFA TV. La producción la tendrá, justamente, TyC. Un golpe bajo para Vila, que tiene intereses económicos de por medio en el asunto de la televisación.

No le quedó otra, entonces, que atacar a “don Julio” por sus antecedentes con la dictadura. Para ello preparó un spot publicitario que solo se transmitió por su canal. Allí se lo veía a Grondona conversando afablemente con Jorge Rafael Videla, “presidente” durante el primer tramo de la dictadura más salvaje que asoló la Argentina. Pero Vila, que tampoco es un demócrata, en verdad, se quedó corto. Julio Grondona ha tenido más de un lazo con los militares. En principio, llegó al mando de la AFA gracias a las gestiones realizadas por el almirante Carlos Lacoste, que había estado a cargo de la organización del Mundial ’78. Ya siendo presidente, devolución de favores, propuso a su padrino como vicepresidente de la FIFA, en 1980.

Antes había aceptado la presencia del vicecomodoro Julio Cesar Santuccione en el Tribunal de Disciplina. Entre otras destrezas, Santuccione, cuando era jefe de la policía de Mendoza, coordinó y apañó al “Comando Pío Moralista XII”, un grupo ultracatólico que perseguía, torturaba y asesinaba a prostitutas y ladrones. Aunque, como funcionaba dentro del Comando Anticomunista Mendoza –pata cuyana de la sangrienta Tiple A (Alianza Anticomunista Argentina)-, sus objetivos también incluían a militantes políticos y otros “inadaptados”. Santuccione también fue responsable de la Mansión Seré, centro clandestino del cual logró fugarse Claudio Tamburrini, que había sido secuestrado cuando atajaba en el club Almagro. “La policía tiene ánimo sobrado de eliminar física y moralmente a quien no cumpla con la ley. Los convoco alrededor de este fortín del orden, de la disciplina, para que junto con vuestra policía pasemos a combatir a los apátridas, a los sin Dios que hoy están flagelando el cuerpo de la Nación”, declaraba el hombre que Grondona toleraba durante 1975, al inaugurar una comisaría, todavía bajo un gobierno democrático.

Pero tuvo otros contactos y permisos para con los militares asesinos. En la misma negociación que Santuccione, entró el Coronel Ángel Michel, que fue a parar al Colegio de Árbitros. Con él compartía edificio. Igual que con Santuccione. También tenía su lugar el brigadier mayor Luis Fagés.

Pero Grondona, que ha sabido construir poder, cuenta con sus defensores. Dos solicitadas salieron publicadas durante el mes de mayo en diarios de tirada nacional. El “operativo solicitadas” estuvo ingeniado por Darío Villaroel, abogado y periodista contratado especialmente para lavar la imagen de “don Julio”. La primera de las dos misivas, en donde se ratificaba la idea de un “exceso de un límite”, fue firmada por 99 de los 100 clubes que componen la Primera división, el Nacional B, la B Metropolitana, la C y la D. Faltó solo uno, Independiente Rivadavia de Mendoza. El presidente de éste club es, ni más ni menos, que Daniel Vila.

El gran rival también tiene su pasado oscuro. No solo es socio y defensor de Jose Luis Manzano, hombre del menemismo, sino que también ha incursionado en algunos episodios más bien oscuros desde el punto de vista legal, además de comprar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual con la dictadura militar. En Mendoza, su provincia, donde es amo y señor, protagonizó más de un hecho de violencia. Como aquella vez que atacó con una copa al periodista Enrique Llamas de Madariaga en un evento del diario El Cronista Comercial, provocándole un corte. También le dio una patada en el estómago al ex subsecretario de Deportes mendocino, Carlos Laterra, en una cena oficial. A comienzos de abril de 2001, cuando lo intentaron asaltar, no dudó en sacar su arma y disparar. Carlos Balmaceda, uno de los jóvenes que querían robarlo, murió con dos disparos. Tenía 22 años. También los dirigentes han sufrido sus aprietes. Gabriel Mostaccio, presidente de la Liga Mendocina, firmó la solicitada en respaldo de Grondona. Eso le valió ser calificado de “indigno” y haber recibido el pedido a renuncia, que olía más bien a amenaza. Ese es el hombre que quiere “limpiar” la mafia grondoniana.

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