“Los dirigentes se fijan más en el dinero que en el fútbol, están haciendo cosas malas y dentro de algunos años vamos a estar peor todavía”, dijo Carlos Tévez. El delantero es uno de los principales detractores que tiene el fútbol negocio. En casi todos los clubes en los que jugó, tuvo inconvenientes con los directivos. Cuando estaba en el West Ham, prácticamente lo habían marginado por esos conflictos. Junto con Javier Mascherano, hoy en el Barcelona, eran considerados las ‘ovejas negras’ del equipo y prácticamente no tenían participación. La sinceridad de ‘Carlitos’ le jugó más de una vez una mala pasada en un ambiente donde la hipocresía es reina. ”El fútbol argentino y la Selección es un negocio, se hace todo por hablar bien o mal, cada uno busca su beneficio. Da bronca que le den a la Selección y no a los dirigentes, que son los que se quedan con la plata”, se despachó, harto que sean los jugadores el foco de las críticas de cierto sector del periodismo deportivo. En las últimas semanas, Tévez fue seleccionado entre los tres mejores jugadores de la Premier League y fue incluido en el once ideal. De todas formas, no es tenido demasiado en cuenta por Sergio Batista, entrenador de la Selección Nacional.
El dinero es una de las mayores tentaciones para los dirigentes del fútbol. Como si tuviera alguna propiedad hipnótica, muchas dirigencias, sensatas en tiempos de sequía, pierden los estribos cuando acumulan dinero. En noviembre del 2005, la televisión chilena transmitía el partido de la Liga Española entre el Villareal y el Valencia. En el entretiempo, el periodista a cargo de la transmisión decidió poner al aire una entrevista con Carlos Soto, presidente del Sindicato de Futbolistas de Chile. Las declaraciones fueron escandalosas. En esa conversación, Soto denunció que, mientras la Selección Chilena se concentraba para enfrentar a Paraguay, por las eliminatorias al Mundial de Alemania 2006, algunos dirigentes de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional de Chile (ANFP) y de algunos clubes, se gastaban cuantiosas cifras en prostitutas. El escándalo hizo que los espectadores se olvidaran del partido. La denuncia de utilización de dinero de la ANFP para gastos personales pasó inadvertida, y la discusión se corrió a cuestiones morales y amarillistas. La imprudencia de los directivos para administrar los recursos de las instituciones siguió siendo un tema tabú. En el fútbol argentino también existen casos similares. La conducción de la Asociación del Fútbol Argentino está conducida por un experto en esos desmanes. “Durante años, (Julio Grondona) supo sacarle jugo a un contrato millonario con la empresa Torneos y Competencias, para cederle los derechos y transmitir el campeonato argentino en forma exclusiva mediante el pago de un abono por cable o utilizando el sistema codificado ‘pey per view’”, explica Maximiliano Kronenberg en una nota publicada en abril del 2011 en el portal notio.com.ar. Ese contrato se acabó y el Estado pasó a administrar los derechos. Grondona dejó desairados a sus antiguos socios sin ruborizarse. Ahora, se encuentra en plenas negociaciones con GolTV una empresa liderada por Francisco Casal y Enzo Francescoli, ex futbolista uruguayo e ídolo indiscutido en River Plate. Julio Grondona no quiere que la empresa de los uruguayos adquiera los derechos de televisación del fútbol y se encuentra en pleno lobby con la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación, conducida por Aníbal Fernández, hombre cercano a José Luís Meizner, presidente de Quilmes y mano derecha de Grondona. Los amantes del fútbol no tienen mucho lugar en la discusión.
Los vicios de ‘nuevo rico’ son otras de las desviaciones que motiva el dinero y puede llegar a destruir una institución. Atlanta, que siempre fue pobre, consiguió engordar sus arcas en 1947. Embriagados de lujuria, los dirigentes decidieron reforzar el plantel con las principales figuras del campeonato argentino. De eso modo, gastaron medio millón de pesos, cifra record para aquellos tiempos. Solo con la compra de Adolfo Pedernera a River Plate, el club desembolsó 140 mil pesos. Era un 40% más que el pase más grande hasta ese momento. También compró a Higinio García, Juan Burgueño, León Strembel y José Soriano. La euforia, condimento ineludible para estas inversiones suicidas, era impresionante. En el debut de Pedernera, que Atlanta terminó perdiendo por 5 a 2 frente a Independiente, el gentío obligó a que se cerraran las puertas del estadio. En la segunda fecha del torneo, cuando enfrentaba a Huracán, donde debutaba Arsenio Erico, se alcanzaron los 60 mil espectadores. Era la primera vez que un partido entre equipos ‘chicos’ llevaba tamaña multitud. Pero lo más curioso ocurrió cuando, luego de sumar varias caídas, los dirigentes del club decidieron contratar como entrenador al árbitro que había dirigido el último partido, Bartolomé Macías. No tuvo efectos demasiado positivos. El 16 de noviembre, perdió contra River y, merced a una combinación de resultados y un fallo del Tribunal de Disciplina, Atlanta se cayó a la Segunda División. Como siempre ocurre en esas ocasiones, las figuras que habían llegado como promesas, abandonaron el club.
Pero aquella no era la primera vez que los dirigentes de Atlanta se obnubilaban con el dinero y encaraban proyectos faraónicos destinados al fracaso. En 1932, contrataron un platel completo de jugadores paraguayos. Los resultados fueron desastrosos y, al terminar el campeonato, más de 60 jugadores habían desfilado por el equipo titular. Esa cifra hasta ahora no ha sido superada.