‘Estoy buscando grupo inversor para proyecto de jugadores juveniles’ dice un anuncio en Internet. Estos hombres con dinero en sus bolsillos e intención de invertir en uno de los negocios más prometedores, se han vuelto una molesta necesidad en el fútbol argentino. La división entre derechos federativos y derechos económicos abrió las puertas del fútbol a un montón de capitalistas ansiosos por volcar sus rentas al mundo de la pelota y extraerle jugo a la pasión de multitudes. ‘Se encuentra expresamente prohibida la transferencia de los derechos federativos propiamente dichos a cualquier persona física o jurídica que no sea una institución deportiva, legítimamente habilitada para la práctica del deporte de que se trate, de acuerdo a las exigencias de la federación respectiva’ establece el Artículo Nº5 de la Ley de Regulación de Derechos Federativos y Económicos en el Deporte. Esa prohibición es la que da lugar a la presencia de clubes ignotos que interceden en las negociaciones. El Locarno FC, de la segunda división de Suiza, tenía entre sus propiedades a Gonzalo Higuaín, Fernando Beluschi, Marcos Cáceres, Nicolás Cabrera y Augusto Fernández, entre otros. Evidentemente, el River de Aguilar fue uno de los que mejor se llevaron con el desconocido suizo.
Los clubes se despojan de sus materias primas bien temprano por unos cuantos pesos y los futbolistas son gestionados por manos privadas. Las transferencias club a club son mínimas y, en su mayoría, representan una excusa para abaratar costos y después vender el pase a grupos empresarios, aumentando ganancias. ‘Casi 1000 millones debe el fútbol argentino’ informaba Canchallena.com en enero de 2010. 15 de los 20 equipos de primera división perdieron dinero durante el año 2009. Boca, el equipo que con más calidad se reforzó para el Apertura 2010, encabezaba aquella lista de deudas. Era, además, el club que tenía el plantel de profesionales más caro de todos. En el mismo nivel de hipocresías y desaguisados, Independiente, que venía de inaugurar estruendosamente su nuevo estadio Libertadores de América, arrojaba un déficit de casi 8 mil millones de pesos y debía cerca de 44 millones. Los principales acreedores de los clubes son la AFIP y la AFA. Esa deuda fue uno de los factores que permitió la avanzada del Fútbol para Todos. De algo malo puede salir algo bueno. De todos modos, los problemas siguen intactos.
El Fútbol para Todos salvó al juego de las avarientas manos de las empresas privadas y concede un subsidio a los clubes. Tras el reparto, sin embargo, los clubes aún no tienen con qué enfrentar la voracidad de los empresarios. ‘Mientras los clubes no modifiquen sus sistemas de ingresos, los grupos de inversión proliferarán. El fútbol argentino no está en condiciones de competir ni siquiera con el paraguayo’, decía Sergio Marchi, de Futbolistas Argentinos Agremiados, con la indignación de quien habla en el vacío. El desguace de las entidades sociales y deportivas durante los años ’90, llevo a la situación límite de que casi ningún club puede costear por sí mismo una transferencia. River y Boca reciben $30.680.000 en concepto de derechos de televisación. Independiente, Racing, San Lorenzo y Vélez reciben $23.100.000. Los restantes 14 equipos ven $16.897.500. El reparto está patas para arriba, los más poderosos reciben más y los más débiles se quedan con menos. De esos montos, los clubes del interior, casi no ven centavos. Son 600 millones que el Estado destina al fútbol y, sin embargo, la distribución de ese dinero, aunque mejor que años anteriores, no responde a criterios de desarrollo deportivo. La figura del empresario se vuelve una necesidad incómoda ante las urgencias deportivas y las expectativas de títulos.
Son pocos los clubes del fútbol argentino que son dueños de la totalidad de los jugadores de sus planteles. Temporada a temporada los equipos se renuevan mediante préstamos o compras de porcentajes mínimos. Las ventas se hacen, también, de esta manera desfragmentada y parcial. En el River del 2009, Daniel Passarella se encontró con que solo 9 de los 40 profesionales pertenecían al club. Los privados no hace poco que invadieron al club de Núñez. La gestión Aguilar fue un paraíso para la inversión empresaria sobre el patrimonio del club. En agosto de 2006, River vendía, en una operación demasiado turbia, el 50% de Gonzalo Higuaín al capitalista israelí Pinhas Zahavi por 6 millones de dólares. Solo 3 meses después, el Real Madrid pagaba 17 millones de dólares por el mismo jugador. El otro aporte del inversor israelí al club fue la cesión de Nelson Rivas, quien se puso la banda roja como vidriera y enseguida fue transferido al Inter de Italia. Pasión inconmovible, a pesar de los manejos dirigenciales que vaciaron la institución, River es el equipo que más entrada vendió en promedio por partido en los últimos años. Durante el Apertura 2009, en cantidad promedio, vendió 9132 entradas por partido, alrededor de 2000 entradas más que el segundo, nada menos que Boca Juniors.
En Racing también acostumbran a la metodología del engaño para beneficiar los bolsillos empresariales. Las operaciones suelen cerrarse de club a club, sin embargo, enseguida se le venden cuotas partes a los inversores. En el año 2004 el grupo empresario Visnar compró a Mariano Gonzales por 800 mil dólares. A los pocos meses el volante era transferido por 3 millones de dólares al Palermo de Italia. Racing perdió por goleada. Así fueron muchas de las últimas contrataciones. Miguel Pires, representante de Gabriel Mercado, se lo llevó a Estudiantes, un lugar donde hizo algunas operaciones exitosas y tiene a la joya de su staff, Juan Sebastián Verón. Cualquier jugador se cotiza mucho más al lado del más talentoso y vendedor. El mismo Pires tiene en su poder el 50% del pase de Pablo Lugüercio, Marcos Cáceres y Martín Wagner. El grupo empresario que integra Miguel Pires era el dueño de Juan Manuel Díaz, que estuvo cedido en River durante el 2009. En el ambiente del fútbol, también hay empresarios que son celebridad. ‘Si antes la gente de plata compraba caballos de carrera, ahora se asocian para adquirir un futbolista’, comenta un avezado en el asunto.
Por amor al club, Marcelo Tinelli, junto a su socio Gustavo Ranucci y Raúl Delgado, conformaron un grupo inversor para darle los éxitos que el club, por sus propios y legítimos medios, no puede lograr. La primera jugada les salió bien: con la contratación de Ramón Díaz y unos cuantos jugadores de su riñón, San Lorenzo pudo consagrarse nuevamente en el Clausura 2007. Los éxitos deportivos terminaron pronto y llegaron las malas campañas y los tropezones. De aquella experiencia, al club le quedó poco. ‘Prácticamente sin jugadores titulares del club –dice Ariel Senoseain, quizás quien más sabe de estos grupos empresarios- en los últimos torneos vio alejarse a Diego Placente, Gonzalo Bergessio y Alejandro Papu Gómez con los campeonatos empezados o a punto de empezar. Habían llegado por medio de grupos inversores que no le dieron al club potestad alguna a futuro’. El grupo inversor encabezado por el conductor de TV tenía el 100% del pase del Chaco Torres, el 80% de Bordagaray y el 70% de Gastón Aguirre. Los jugadores llegan rápido y tan rápido se van. El club está condenado a verlos pasar.
Durante los negros años del lopizmo, Newell’s fue despojado a tal punto que no le quedan restos para hacer contrataciones. Año a año se ve necesitado de renovar su plantel en base a préstamos. Ni siquiera tiene posesión sobre el pase de muchos juveniles que ni siquiera debutaron en primera. El mismo Senoseain, en una nota para la revista Un Caño, señala que, cuando Llorente ganó las elecciones, Fernando Hidalgo tenía el 80% de Hernán Bernardello, El 90% de Nicolás Spolli, el 80% de Germán Ré, el 50% de Santiago Salcedo y el 90% de Miguel Torrén. Uno de los principales problemas es que los clubes porteños, desde hace algunos años, comenzaron a explorar las zonas aledañas de Rosario en busca de jugadores y la única forma para competirles es cediendo el 20% de los pases a las familias para que se queden.
Fernando Hidalgo es uno de los mejores discípulos de Gustavo Mascardi. Después de nutrirse de las mejores técnicas, se largó solo e hizo nuevos socios. Junto con Gustavo Arribas y Pinhas Zahavi componen la empresa HAZ Sports Agency, dedicada a la representación de futbolistas. Por lo visto, todo queda entre conocidos. En las manos de los hinchas, solo unos insultos y castigos cuando expresan la bronca.
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